
María Antonieta abrió la puerta para salir de su tendería La sorpresa fue traumática: afuera todo había cambiado: no estaba el taller del hojalatero al frente sino un edificio de cristales inmenso. La herraduría era ahora un lugar de comida chatarra. La plaza de armas sí estaba en su sitio pero habían construido una ciudad subterránea bajo ella. La posada donde acostumbraba tomarse unos refrescos era un ministerio público. Algo había ocurrido durante la noche que las palabras y los objetos habituales no estaban en su sitio.
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