miércoles 6 de octubre de 2010

Sorricueta, la alicaída


En la bahía se la conocía como Sonia Sorricueta, la alicaída. Desde los siete años trabajaba atendiendo el boliche de su tío/abuelo. De él se decían muchas cosas, que era brujo, tarotista, cartómano, y un sujeto poco sociable. Quizá por ello su sobrina/nieta decidió abandonarlo. Se fue a los caserones rojos de Cerro Alegre y allí creció en la calle y se instaló con un kiosko de frutas y verduras. Todo iba bien hasta que conoció a Juan el Colchaguino, un muchacho de veinte años que la enloqueció. Con Juan cometieron insensateces, locuras innombrables, asaltaron farmacias, locales de comida chatarra, se encerraron en un baño publico a hacer el amor, rompieron la bandera patria del edificio de la Intendencia. Todo era tontería y exceso. Hasta que ella lo dejó. Regresó a su puerto natal y al negocio que su tío/abuelo conservaba. Él era un anciano de setenta años que apenas podía manejar la maquina de pesaje. Ella entró pero él no la miró. Le dijo que hace años que estaba muerta. Ella dio media vuelta y se fue a la bahía. Las olas rompían el acantilado con ímpetu y fiereza. Estuvo a punto de largarse con la ultima ola pero su tío/abuelo apareció y la detuvo. Volvía a ser la niñita de once años, asustadiza y alicaída de siempre. El anciano la tomó de los hombros y se la trajo de regreso a su boliche.
Todo había sido una anticipación feroz en la mente del tío/abuelo, quién imaginaba lo peor siempre.

1 comentarios:

Marcelo Villagra dijo...

Es dificil hacer microcuentos, me parece que la narración esta muy bien estructurada, y el efecto final es surreal, felicitaciones
Saludos