
Al chueco Jesús Homero Galindo el síndrome de privación lo friega. Su casa está en la periferia del Santiago sucio. Las botillerías y los narco tráficantes son más visitados que las animitas de Romualdito.
Obliga a sus hijos a sentarse a la mesa. Los mocosos con las narices sucias y la cara deslavada lo observan con temor.
- ¡ Voy a chupar pa´ olvidar las penas ! - dice rabioso
Después divide la empanada.
- ¡ Sólo hay una, cabros de mierda; no sean hambrientos!
Los cinco mocosos la disputan a golpes. Con el delantal ennegrecido, María, su mujer pide equidad “que los pendejos no entienden”.
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